Victoria era una antigua
“amiga” de mi madre. La relación entre ellas no había acabado muy bien, pero
sabía por ella que había empezado a estudiar teatro muy joven y que ahora era
una directora de escena bastante reconocida, además de profesora. Así que mi
madre había hablado con ella… Increíble. Entonces, ¿se podría decir que no veía
tan mal que estudiara teatro como segunda
carrera?
-Ahora tengo que hacer
unos cuantos recados, pero si quieres pasarte por mi casa esta tarde, podemos
hablar tranquilamente. ¿sabes dónde vivo?
-Creo que sí, pero no sé
exactamente…
-Bueno, te espero en el
bar de debajo de mi casa… ¿A las 5?
-De acuerdo, ahí
estaré.—No me lo podía creer. Mi madre, que tan reacia era a que hiciera teatro
en ninguna forma, aunque ella misma lo había hecho en su juventud, había dejado
de lado su orgullo y había hablado con una mujer que sabía mejor que nadie de
qué iba la cosa. Ese día estaría sola en casa, porque mis padres habían ido a
Zaragoza con mi hermano al médico, así que llegué a casa, me preparé un poco de
pasta y esperé impaciente a que se hicieran las 4:45, pues aunque no me
costaría ni dos minutos llegar al punto de encuentro, tampoco quería llegar
tarde. Al llegar a la carretera, donde estaba el bar, oí a Victoria que me
llamaba por detrás
-Vaya, qué puntual.
¿Quieres que tomemos un café allí o subimos a casa ya? Entre nosotras, prefiero
hablar a solas, pero como tú prefieras.
-En ese caso, yo también
lo prefiero.—Así pues, subimos a su piso, el cual me dejó alucinada. Nada más
entrar, había una colección de máscaras venecianas, así que no me quería
imaginar el resto del pequeño piso, y mucho menos su casa de Madrid.
-Pasa a la sala, ¿qué
quieres tomar?—En vez de eso, le ayudé a preparar un té a la vainilla que me
había recomendado, y muy bien recomendado, la verdad.—La última vez que vine,
me dijo mi madre que había llamado tu madre para hablar conmigo. A ver,
cuéntame, ¿qué es lo que quieres hacer?
-Victoria, a mí me gusta
muchísimo el teatro… o eso creo, ya que en casa nunca me han dejado acercarme a
una compañía… No sé, tal vez lo tenga un poco idealizado. Sé que es muy duro, y
que muy poca gente consigue algo… Mi padre sobre todo cree que lo que quiero es
hacerme famosa, pero no es así para nada. Yo solo quiero actuar y si resulta
que tal… pues oye, bienvenido sea.
-Vaya, veo que lo tienes
muy claro. A mí me pasaba lo mismo. Hasta que no me fui a estudiar Bachillerato
a Madrid, nunca había pisado una compañía. Sí que estuve un tiempo en el mismo
grupo de teatro que tu madre, pero no me gustaba como lo llevaba el director y
lo dejé. Veo que lo tuyo es ilusión por la actuación, y creo que hay una opción
muy buena para ti, que ya se la comenté a tu madre.—Al ver mi cara de “no sabía
nada”, me lo contó a mí también. A cada palabra que decía, me parecía más
perfecta la idea.—No sé, yo creo que esta es la mejor opción para ti.
-No, si yo también lo veo,
pero es que voy a empezar Geología
-¿Y crees que la acabarás?
No es falta de confianza, solo que creo que la Geología es más como curiosidad.
Yo te veo más como profesora de idiomas.
-Es verdad, yo también. Y
sé que si me llaman de aquí, volveré.—Pasamos el resto de la tarde hablando de
qué se podía hacer si elegía la posibilidad que me había dado, y también de
otras posibilidades que me gustaron un poco menos, pero que no las rechazaría
tampoco. Así se hicieron las 8 de la tarde, hora a la que llamó mi madre para
ver dónde estaba.—Pues estoy en…--Victoria se puso un dedo en los labios, para
que no dijera que estaba con ella y cambié de idea.—En la vía verde, que he
salido a dar una vuelta. En una media hora estoy en casa. ¿Dónde estáis
vosotros? Ah, por Villarquemado… Vale, nos vemos. Ciao.
-Creo que tu madre sigue
siendo un poco reacia a que hagas teatro, si no te ha hablado de nuestra
conversación, así que ¿qué te parece si esto queda entre tú y yo? Te voy a dar
mi teléfono y cuando prepare algún curso para todos los públicos, te llamo si
te apetece, y podemos seguir hablando de esto aunque yo esté en Madrid.
-ME encanta la idea.—A
pesar de que realmente la había conocido esa misma mañana, habíamos congeniado
a las mil maravillas.
El año pasó y de nuevo
estábamos en Junio. Había aprendido a vivir lejos de casa, a moverme por una
ciudad que no era la mía y lo más importante: había conocido a gente increíble
de la que nunca me olvidaría. También había aprendido muchísimo y había saciado
mu curiosidad… pero aunque no había dejado de estudiar ni un solo minuto, no
fui capaz de aprobar los 30 créditos necesarios para seguir en la carrera, con
lo que si quería seguir con la que ya consideraba mi gente, me tocaría repetir
todo el año, si no aprobaba en Septiembre. Muy a mi pesar, decidí que esa no
era mi carrera y volví a hacer Selectividad, para ver si así podía hacer
magisterio infantil (pues el de idiomas iba a desaparecer) en Zaragoza. No tuve
esa suerte, sino que tuve que hacerlo en Teruel, pero ese año conocí a un chico
en el conservatorio, el cual no tardaría en ocupar el puesto que había dejado
vacante mi mejor amigo al desaparecer del mapa… ¿y quien sabe si algo más?

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