domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo 1


Victoria era una antigua “amiga” de mi madre. La relación entre ellas no había acabado muy bien, pero sabía por ella que había empezado a estudiar teatro muy joven y que ahora era una directora de escena bastante reconocida, además de profesora. Así que mi madre había hablado con ella… Increíble. Entonces, ¿se podría decir que no veía tan mal que estudiara teatro como segunda carrera?
-Ahora tengo que hacer unos cuantos recados, pero si quieres pasarte por mi casa esta tarde, podemos hablar tranquilamente. ¿sabes dónde vivo?
-Creo que sí, pero no sé exactamente…
-Bueno, te espero en el bar de debajo de mi casa… ¿A las 5?
-De acuerdo, ahí estaré.—No me lo podía creer. Mi madre, que tan reacia era a que hiciera teatro en ninguna forma, aunque ella misma lo había hecho en su juventud, había dejado de lado su orgullo y había hablado con una mujer que sabía mejor que nadie de qué iba la cosa. Ese día estaría sola en casa, porque mis padres habían ido a Zaragoza con mi hermano al médico, así que llegué a casa, me preparé un poco de pasta y esperé impaciente a que se hicieran las 4:45, pues aunque no me costaría ni dos minutos llegar al punto de encuentro, tampoco quería llegar tarde. Al llegar a la carretera, donde estaba el bar, oí a Victoria que me llamaba por detrás
-Vaya, qué puntual. ¿Quieres que tomemos un café allí o subimos a casa ya? Entre nosotras, prefiero hablar a solas, pero como tú prefieras.
-En ese caso, yo también lo prefiero.—Así pues, subimos a su piso, el cual me dejó alucinada. Nada más entrar, había una colección de máscaras venecianas, así que no me quería imaginar el resto del pequeño piso, y mucho menos su casa de Madrid.
-Pasa a la sala, ¿qué quieres tomar?—En vez de eso, le ayudé a preparar un té a la vainilla que me había recomendado, y muy bien recomendado, la verdad.—La última vez que vine, me dijo mi madre que había llamado tu madre para hablar conmigo. A ver, cuéntame, ¿qué es lo que quieres hacer?
-Victoria, a mí me gusta muchísimo el teatro… o eso creo, ya que en casa nunca me han dejado acercarme a una compañía… No sé, tal vez lo tenga un poco idealizado. Sé que es muy duro, y que muy poca gente consigue algo… Mi padre sobre todo cree que lo que quiero es hacerme famosa, pero no es así para nada. Yo solo quiero actuar y si resulta que tal… pues oye, bienvenido sea.
-Vaya, veo que lo tienes muy claro. A mí me pasaba lo mismo. Hasta que no me fui a estudiar Bachillerato a Madrid, nunca había pisado una compañía. Sí que estuve un tiempo en el mismo grupo de teatro que tu madre, pero no me gustaba como lo llevaba el director y lo dejé. Veo que lo tuyo es ilusión por la actuación, y creo que hay una opción muy buena para ti, que ya se la comenté a tu madre.—Al ver mi cara de “no sabía nada”, me lo contó a mí también. A cada palabra que decía, me parecía más perfecta la idea.—No sé, yo creo que esta es la mejor opción para ti.
-No, si yo también lo veo, pero es que voy a empezar Geología
-¿Y crees que la acabarás? No es falta de confianza, solo que creo que la Geología es más como curiosidad. Yo te veo más como profesora de idiomas.
-Es verdad, yo también. Y sé que si me llaman de aquí, volveré.—Pasamos el resto de la tarde hablando de qué se podía hacer si elegía la posibilidad que me había dado, y también de otras posibilidades que me gustaron un poco menos, pero que no las rechazaría tampoco. Así se hicieron las 8 de la tarde, hora a la que llamó mi madre para ver dónde estaba.—Pues estoy en…--Victoria se puso un dedo en los labios, para que no dijera que estaba con ella y cambié de idea.—En la vía verde, que he salido a dar una vuelta. En una media hora estoy en casa. ¿Dónde estáis vosotros? Ah, por Villarquemado… Vale, nos vemos. Ciao.
-Creo que tu madre sigue siendo un poco reacia a que hagas teatro, si no te ha hablado de nuestra conversación, así que ¿qué te parece si esto queda entre tú y yo? Te voy a dar mi teléfono y cuando prepare algún curso para todos los públicos, te llamo si te apetece, y podemos seguir hablando de esto aunque yo esté en Madrid.
-ME encanta la idea.—A pesar de que realmente la había conocido esa misma mañana, habíamos congeniado a las mil maravillas.

El año pasó y de nuevo estábamos en Junio. Había aprendido a vivir lejos de casa, a moverme por una ciudad que no era la mía y lo más importante: había conocido a gente increíble de la que nunca me olvidaría. También había aprendido muchísimo y había saciado mu curiosidad… pero aunque no había dejado de estudiar ni un solo minuto, no fui capaz de aprobar los 30 créditos necesarios para seguir en la carrera, con lo que si quería seguir con la que ya consideraba mi gente, me tocaría repetir todo el año, si no aprobaba en Septiembre. Muy a mi pesar, decidí que esa no era mi carrera y volví a hacer Selectividad, para ver si así podía hacer magisterio infantil (pues el de idiomas iba a desaparecer) en Zaragoza. No tuve esa suerte, sino que tuve que hacerlo en Teruel, pero ese año conocí a un chico en el conservatorio, el cual no tardaría en ocupar el puesto que había dejado vacante mi mejor amigo al desaparecer del mapa… ¿y quien sabe si algo más?

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